
En interiores cálidos, Portra 400 ofrece latitude amable para pieles y manteles, mientras Tri‑X, empujada a 800 o 1600, abraza sombras profundas sin rendirse al ruido. Filtrar tungsteno suaviza bombillas ámbar, pero abrazar ese tono dorado puede reforzar la intimidad de una cena lenta, encuadrada con respiraciones contenidas.

Un 35 mm abre cocinas pequeñas sin distorsionar caras ni platos; un 50 mm captura vapor y detalles brillantes con perspectiva natural. Prefiero hiperfocal cuando el servicio arde y los pasos apremian, reservando aperturas amplias para retratos de manos que sazonan, prueban, cortan y cuentan genealogías culinarias.

Las emulsiones temen calor y humedad tanto como un queso fresco mal guardado. Bolsas con gel de sílice, latas opacas y una nevera portátil protegen el archivo mientras degustamos. Anoto lotes, exposición y anécdotas en tarjetas manchadas de salsa, porque la memoria olfativa ayuda a editar con justicia.





